Hay palabras que escuchamos sin prestarles atención, de forma automática.
Pero luego hay otras que, totalmente al contrario, nos obligan a detenernos un segundo y volver a ella.
Cuando escuché la frase: «Went to the doctor and she said I was fine» en la nueva canción de Olivia Rodrigo, what’s wrong with me, me pasó eso mismo.
No porque la frase tuviese nada extraordinario. Al contrario.
Porque era completamente normal. Y sin embargo, mi cerebro tardó un instante en aceptarla.
Doctor. She. Médica. Ella.
Cuatro palabras que me hicieron recordar una clase de la carrera. Terminología. Ese día hablábamos sobre lenguaje inclusivo.
En ella nos contaron un acertijo que, desde entonces, no he olvidado:
Un padre y su hijo tienen un accidente. El padre fallece. El niño llega al hospital y el médico que va a atenderlo lo mira y dice: «No puedo hacerlo. Es mi hijo».
Recuerdo perfectamente el silencio y la confusión después de escucharlo.
Segundos después, la rabia.
La impotencia de haber tardado tanto en ver lo evidente: el médico era su madre.
Lo peor es que, desde mi experiencia, no había nada que justificara ese error. Mi médica de cabecera es mujer. Lo ha sido siempre. Lleva más de cuarenta años ejerciendo y es una de las mejores de la comarca.
Y aun así, en ese instante, mi mente eligió otra imagen.
La canción de Olivia Rodrigo me llevó de vuelta a esa clase sin que yo lo decidiera.
A esa pausa. A ese segundo incómodo en el que algo no encaja, aunque debería.
Quizá, por eso, una frase tan normal como: «Went to the doctor and she said I was fine» no es solo una frase.
Es una imagen nueva intentando entrar en un lugar donde, durante mucho tiempo, hubo otra distinta.
Me hace pensar en todo lo que seguimos imaginando de una forma concreta, simplemente porque así nos las enseñaron en su momento.
Y que sin darnos cuenta, no nos preguntemos si realmente encaja en la realidad actual.