LA HISTORIA DE LAS COMILLAS LATINAS: « »

LA HISTORIA DE LAS COMILLAS LATINAS: « »

Un detalle que probablemente no habías contemplado

Si has leído algún artículo de Ardora Magazine, seguro que te habrás cruzado con ellas unas cuantas veces.

«Estas son las comillas que utilizamos».

Puede que nunca les hayas prestado atención. Al fin y al cabo, parecen un simple signo de puntuación más.

Pero no están ahí por casualidad.

Tienen nombre propio, una historia que se remonta siglos atrás y una curiosa relación con la imprenta, los libros y la evolución de nuestra lengua.

Porque incluso los detalles más pequeños esconden una historia.

Y esta empieza mucho antes de que existieran los teclados.

Antes de las comillas, los libros se leían de otra manera

Durante la Edad Media, no existían las comillas tal y como las conocemos hoy.

Antes de que existieran las comillas, los copistas tenían la necesidad de destacar determinadas palabras.

Para hacerlo, dibujaban pequeños signos en el margen del manuscrito que llamaban la atención sobre un pasaje importante, una cita o un fragmento digno de recordar.

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No encerraban las palabras. Las señalaban desde fuera.

Y aquellos símbolos fueron cambiando poco a poco conforme evolucionó la escritura y, sobre todo, con la llegada de un invento que transformaría para siempre la forma de leer: la imprenta.

Cuando la imprenta puso orden entre las palabras

Con la expansión de la imprenta en Europa durante los siglos XV y XVI fue necesario unificar muchos aspectos de la escritura.

Los impresores ya no copiaban un único manuscrito: producían cientos de ejemplares idénticos.

Y para que todos se entendieran igual, hacía falta establecer convenciones.

Fue así como se desarrolló formalmente en el siglo XVI la forma con doble trazo (angular) de las actuales comillas, durante los primeros años de la imprenta.

Su misión era sencilla: abrazar las palabras de otra persona sin necesidad de explicaciones.

Desde entonces han acompañado a millones de libros, periódicos y documentos.

¿Por qué se llaman «latinas»?

Aunque las conocemos como comillas latinas, este nombre no hace referencia a la época romana, sino a la tradición tipográfica de las lenguas de origen latino.

Su forma angular (« ») se extendió especialmente por Europa occidental y acabó convirtiéndose en la forma habitual de señalar citas en idiomas como el español, el francés o el italiano.

También reciben otros nombres: angulares, por su forma; españolas, por ser las recomendadas por la Real Academia Española; francesas, porque se popularizaron en Francia, donde se conocen como *guillemets; y bajas, por su posición dentro del renglón.

*Existen varias teorías sobre el origen de este término, aunque la más extendida lo relaciona con el impresor francés Guillaume Le Bé, cuya labor contribuyó a popularizar este tipo de signos durante el Renacimiento

Entonces… ¿por qué casi todo el mundo escribe así: " "?

Aquí aparece una pequeña paradoja.

Si abres un libro editado en español, es muy probable que encuentres esto:

«Hola».

Sin embargo, si escribes desde el móvil, un ordenador o las redes sociales, lo más habitual es terminar escribiendo así:

"Hola."

¿Por qué?

La respuesta tiene más que ver con la tecnología que con la lengua.

Durante décadas, la mayoría de teclados, programas informáticos y sistemas operativos fueron diseñados pensando en el inglés, donde las comillas dobles (" ") son las habituales.

Con el tiempo nos acostumbramos tanto a ellas que acabaron apareciendo incluso en textos escritos en español.

Sin embargo, las academias de la lengua siguen recomendando utilizar primero las comillas latinas y reservar las inglesas para citas dentro de otras citas.

Es decir: «María respondió: "Llegaré un poco más tarde"».

Cada idioma abraza las palabras de una forma distinta

Las comillas no son iguales en todo el mundo.

Cada lengua ha ido desarrollando sus propias costumbres tipográficas.

En español y gallego predominan las «comillas latinas».

En inglés son habituales las "comillas dobles".

En alemán aparecen de una forma bastante curiosa:

„Así.“

Y en francés utilizan las mismas comillas latinas, pero dejan un pequeño espacio entre ellas y el texto:

« Bonjour ».

Es un detalle diminuto. Pero basta recorrer distintos idiomas para descubrir que incluso la puntuación tiene acento propio.

¿Por qué en ARDORA escribimos con « »?

Porque creemos que los pequeños detalles importan.

Las comillas latinas forman parte de la tradición tipográfica del español y del gallego.

Reflejan una forma de cuidar la escritura y de mantener viva una costumbre que lleva siglos acompañando a nuestra lengua.

Es una elección consciente.

Igual que elegimos una palabra en lugar de otra, también elegimos cómo queremos presentar aquello que escribimos.

Dos pequeños signos con una gran historia: « »

La próxima vez que abras un libro, un periódico o vuelvas a leer un artículo de ARDORA, quizá ya no pases tanto por alto estas pequeñas flechas.

« »

Son apenas dos signos de puntuación.

Y, sin embargo, llevan siglos acompañando a escritores, impresores y lectores.

Porque a veces las historias más interesantes no ocupan una página entera.

A veces caben entre dos pequeños símbolos que casi nadie se detiene a mirar.


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