DIRTY MINDED: ART SERIES — EVELINA SILVER

DIRTY MINDED: ART SERIES — EVELINA SILVER

Hay gestos mundanos que hacemos con normalidad: recogernos el pelo, comer un caramelo, tumbarnos en la cama, ponernos rimmel o lavarnos los dientes. Acciones tan comunes que apenas reparamos en ellas. Pero, ¿qué ocurre cuando esos mismos gestos, simplemente por hacerlos una mujer, empiezan a adquirir una connotación sexual?

Esa es la pregunta que atraviesa Dirty Minded, la serie de la artista sueca Evelina Silver.

Su obra nace de una reflexión sobre cómo determinados actos cotidianos pueden terminar sexualizándose a través de la mirada ajena y las normas sociales. Silver habla de esa sensación de tener que ser consciente de lo que haces y de cómo puede verse desde fuera. Una mirada que, con el tiempo, puede llegar incluso a interiorizarse.

Ella misma vivió esta situación mientras trabajaba en un bar en Estocolmo. Un día, mientras se recogía el pelo para poder trabajar cómodamente, un hombre le preguntó qué pensaba hacer con el pelo así. Un gesto práctico y cotidiano había adquirido, de repente, una lectura completamente distinta. Aquella experiencia terminó convirtiéndose en una de las pinturas de Dirty Minded y en el punto de partida de una serie que explora precisamente situaciones similares a esa.

Ahora, Silver reúne esta idea en los Dirty Minded Mini Originals: ocho pequeñas obras de 13 × 13 centímetros en las que vuelve a representar escenas aparentemente inocentes que pueden acabar cargándose de significado. Ocho momentos cotidianos que nos llevan a detenernos en algo que normalmente hacemos sin pensar y a preguntarnos por qué, en determinadas circunstancias, dejamos de verlo como algo cotidiano.

En el primer mini, Lacy Bra Peeking Out, Evelina Silver pone el foco en algo tan sencillo como dejar que se vea un poco el sujetador. Para muchas mujeres, puede ser simplemente una cuestión estética: una prenda que asoma por encima de una camiseta de tirantes y que, lejos de ser un descuido, forma parte del outfit. Sin embargo, también son conscientes de que mostrarlo puede dar pie a comentarios o interpretaciones sexuales que nada tienen que ver con su intención.

Basta con que el sujetador quede a la vista para que alguien pueda asumir que están buscando llamar la atención o, incluso, que están insinuando algo. Una doble vara de medir que contrasta con la naturalidad con la que muchos hombres llevan la ropa interior asomando por encima de los pantalones sin que eso despierte la misma lectura sexual. Así, lo que para una mujer puede ser simplemente una elección estética se convierte en algo que debe pensar dos veces antes de ponerse.

En el segundo mini, Fly Busting Open, Evelina Silver aborda una situación que probablemente le ha pasado a más de una persona: que se abra accidentalmente la bragueta del pantalón y quede a la vista más piel de la que pretendías mostrar. La artista reflexiona sobre cómo cambia por completo la experiencia cuando enseñar esa parte del cuerpo es una decisión consciente y cuando sucede sin querer. Si eliges hacerlo, tienes el control sobre tu cuerpo y sobre lo que decides mostrar; pero, cuando ocurre por accidente, esa sensación de control desaparece y aparece la vulnerabilidad de estar enseñando algo que no querías que los demás vieran.

Al final, basta con un pequeño descuido para empezar a darle vueltas a algo que, en realidad, es completamente normal. Silver pone así el foco en la importancia que damos a determinadas partes del cuerpo y en cómo una simple muestra de piel puede hacernos sentir expuestas cuando no hemos elegido enseñarla. Porque no es lo mismo decidir qué quieres mostrar que sentir que has perdido el control sobre ello.

En el tercer mini, Applying Mascara, Evelina Silver reflexiona sobre la idea de que las mujeres se arreglan para gustar a los demás, como si maquillarse o dedicar tiempo a su aspecto tuviera necesariamente una intención detrás. Sin embargo, muchas mujeres se maquillan simplemente porque les gusta cómo se ven con maquillaje, porque disfrutan del proceso o porque verse guapa les hace sentirse bien. No hay nadie más en la ecuación.

La artista cuestiona así esa tendencia a interpretar el cuidado personal como una forma de buscar atención, como si el hecho de arreglarse implicara estar disponible para recibirla. Porque maquillarse, sentirse guapa o querer verse bien no significa estar buscando la aprobación de nadie, y mucho menos merecer una atención que no se desea. Una mujer puede arreglarse para sí misma sin que eso tenga que convertirse en una invitación a nada más.

En el cuarto mini, Red Lipstick, Evelina Silver pone el foco en el color rojo y en toda la carga simbólica que hemos construido a su alrededor. Asociado a la pasión, la sensualidad y la seducción, basta con trasladarlo a unos labios para que un gesto tan sencillo como ponerse pintalabios rojo pueda interpretarse como una forma de provocar o de llamar la atención. Como si elegir ese color implicase necesariamente una intención sexual por parte de quien lo lleva.

La artista cuestiona lo curioso que resulta atribuir tantos significados a algo que, en esencia, no deja de ser un color. Al igual que ocurre con el maquillaje del cuadro anterior, se presupone que una mujer elige cómo arreglarse pensando en los demás, cuando puede hacerlo simplemente porque le gusta. Unos labios rojos no son una invitación ni una declaración de intenciones: son, sencillamente, unos labios rojos. Y, sin embargo, las connotaciones que la sociedad deposita sobre ellos pueden acabar transformando una elección estética en algo que parece necesitar una explicación.

En el quinto mini, Bruised Knees Through Ripped Jeans, Evelina Silver recupera los moretones en las rodillas de su colección original, esta vez parcialmente ocultos bajo unos vaqueros rotos. Unas marcas que pueden tener infinidad de explicaciones completamente inocentes, desde una caída hasta un golpe accidental, pero que, cuando aparecen en el cuerpo de una mujer, pueden dar pie a suposiciones muy distintas y a interpretaciones de carácter sexual.

Lo interesante de esta obra es que la artista muestra incluso menos que en la versión original y, aun así, basta ese pequeño fragmento de piel y unas marcas para que la sociedad empiece a construir una historia. A veces no necesitamos conocer lo que ha ocurrido para dar por hecho que sabemos qué hay detrás. Silver juega precisamente con esa tendencia a completar lo que no vemos a partir de asociaciones preconcebidas, demostrando lo fácil que resulta atribuir un significado a una imagen de la que, en realidad, sabemos muy poco.

En el sexto mini, Panties Peeking Out, Evelina Silver vuelve a abordar la ropa interior y la diferencia entre cómo se interpreta que asome en el cuerpo de un hombre y en el de una mujer. Al fin y al cabo, todo el mundo lleva ropa interior a diario, pero basta con que se vea un pequeño trozo de la de una mujer para que el gesto pueda adquirir una connotación mucho más sugerente. En cambio, cuando es la goma de los calzoncillos de un hombre la que asoma por encima del pantalón, suele percibirse como algo informal, pero el detalle no sexualizado.

La artista cuestiona precisamente esta doble vara de medir: ¿cómo puede algo tan común adquirir significados tan distintos dependiendo de quién lo lleve? Una pequeña franja de tela no deja de ser eso, ropa interior, pero las convenciones sociales hacen que no siempre la miremos de la misma manera. Con esta obra, Silver invita a reflexionar sobre por qué un mismo gesto puede considerarse natural en un hombre y mucho más provocativo en una mujer.

En el séptimo mini, Brushing Your Teeth, Evelina Silver retoma una de las escenas de su colección original Dirty Minded: escupir la pasta de dientes después de lavarse los dientes. Una acción tan mundana y poco glamurosa que cuesta imaginar que pueda tener alguna connotación sexual. Sin embargo, basta con fijarse en la pasta de dientes alrededor de la boca para que una escena completamente cotidiana pueda adquirir un significado muy distinto.

Con esta obra, Silver vuelve a explorar cómo un gesto inocente puede asociarse con algo sexual a partir de elementos que, en otro contexto, no tendrían ninguna relación. Porque lavarse los dientes es simplemente lavarse los dientes, pero incluso una acción tan común puede quedar condicionada por las asociaciones que hace la sociedad.

En el octavo y último mini, Feet, Evelina Silver reflexiona sobre la sexualización de los pies, una parte del cuerpo tan normal que rara vez debería requerir explicación. Sin embargo, con la creciente visibilidad del contenido relacionado con los fetiches de pies en internet, algo tan sencillo como llevarlos descalzos puede adquirir una connotación sexual inesperada. Hasta el punto de que algo tan natural como mostrar los pies puede llegar a generar incomodidad o hacer que algunas mujeres sientan que también deben preocuparse por cómo los enseñan.

A la artista le resulta llamativo que incluso una parte del cuerpo tan común pueda cargarse de un significado completamente distinto según la manera en que se mire. Parece que ni siquiera los pies quedan al margen de la sexualización: algo que forma parte de nuestra cotidianidad puede acabar convirtiéndose en motivo de preocupación cuando se interpreta desde una perspectiva sexual. Una reflexión que cierra la serie ampliando la cuestión más allá de la ropa, los gestos o el maquillaje y llevándola hasta el propio cuerpo.

Para cerrar, hay una pregunta que le han hecho a Evelina Silver y que puede resultar especialmente interesante: ¿pueden los hombres comprar su arte? La cuestión puede parecer sencilla, pero plantea una contradicción teniendo en cuenta que Dirty Minded habla, precisamente, de la sexualización de las mujeres y de cómo determinados gestos cotidianos se interpretan desde esa perspectiva. ¿Qué lugar ocupan, entonces, quienes también pueden ser los dueños de esa mirada?

La respuesta de Silver parte de una idea fundamental: si algún hombre ha encontrado provocadora alguna de sus obras es normal porque, al fin y al cabo, nuestra manera de mirar está condicionada por la cultura en la que crecemos, las imágenes que consumimos y aquello que aprendemos a asociar con la sexualidad.

Lo importante no es haber tenido esa primera reacción sino estar dispuesto a cuestionarla y preguntarse de dónde viene; a entender el mensaje.

Por eso, lejos de cerrarles la puerta, la artista los invita a acercarse a su trabajo, reflexionar sobre lo que sus obras de arte quieren expresar, que hay detrás de ellas y aprender a mirar de otra manera. Su arte también puede ser una oportunidad para reconocer ciertas ideas que hemos interiorizado sin darnos cuenta y empezar a cambiarlas.

Porque Dirty Minded no pretende señalar a quienes miran, sino abrir una conversación sobre cómo lo hacen. Y esa conversación, para que realmente pueda generar un cambio, también necesita que ellos formen parte de ella.

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