Hay caminos que parecen llevarnos en una dirección acertada hasta que, en algún momento, sentimos que ya no queremos seguir por ahí. Y, hay veces en las que elegir otra ruta es lo que necesitamos para encontrar la dirección que se adecua más a lo que realmente queremos.
Para Bea, itsbgart, dibujar siempre estuvo ahí. Desde pequeña, cuando pasaba los veranos en casa de su abuela copiando las escenas de Mortadelo y Filemón, hasta su paso por el bachillerato de artes y Bellas Artes con Diseño de Moda. Sin embargo, después de terminar sus estudios, el camino profesional la llevó hacia el mundo digital y, poco a poco, a alejarse de aquello que siempre había formado parte de ella.
Hoy intenta convertir sus ilustraciones en su forma de vida. Un proyecto que todavía está creciendo, que combina arte, encargos, naturaleza y procesos manuales como la creación de su propio papel reciclado.
Hablamos con Bea sobre volver a crear, dejar atrás el trabajo de 9 a 5, aprender a ser autónoma, convivir con la incertidumbre y, sobre todo, sobre lo que significa volver a elegirse.
🌱 Antes del proyecto, estaba el dibujo
Antes de ser un proyecto, antes de pensar en clientes, redes sociales o en vivir de ello, estaba simplemente dibujar.
A: ¿Qué era y qué es para ti dibujar? ¿Cómo llegó la ilustración a tu vida?
No me acuerdo ni cuándo empecé, desde que era pequeña cien por cien. Lo primero que recuerdo de dibujar es estar en casa de mi abuela en verano. Ella tenía los tebeos de Mortadelo y Filemón y yo me ponía uno al lado y dibujaba las escenas del cómic. Literalmente las clavaba y todavía tengo esos dibujos por casa.
Creo que ahí ya iba viendo un poco por dónde iba a tirar. Cuando llegó el momento de elegir bachillerato no tuve ninguna duda: iba a hacer artes. No me gustaban las matemáticas, no me gustaba otra cosa y lo único que me imaginaba era estar pintando. Después hice la carrera de Bellas Artes también. De nuevo, no me imaginaba haciendo otra cosa.
A: ¿Y qué significaba para ti dibujar antes de convertirlo en un proyecto?
Era algo muy mío. Cuando estoy dibujando siento que mi mano va sola y que estoy en ese mundo. Da igual lo que esté pasando a mi alrededor, los problemas que tenga o lo que esté sucediendo: yo estoy en ese momento ahí y no hay nada más.
Y creo que hubo una época en la que perdí completamente esa esencia.
A: ¿Cómo volvió esa necesidad de crear?
Después de la carrera empecé a trabajar en el mundo digital. No me arrepiento porque el diseño gráfico también me gusta, pero pasé de estar en Bellas Artes trabajando con barro, cosiendo o haciendo proyectos manuales a estar delante de una pantalla todo el día.
Ahí empecé a sentir esa necesidad de volver. Había apartado completamente el dibujo y me di cuenta de que esa parte de mí ya no estaba.
Entonces pensé: necesito volver a mí.
Empecé a dibujar otra vez. Fue un proceso bastante gradual, recuperar el dibujo y el diseño, y volver a crear de una manera más manual.
🕰️ Cuando el trabajo de 9 a 5 deja de encajar
A veces no existe un momento exacto en el que decidimos cambiar. A veces son pequeñas cosas que se van acumulando hasta que resulta imposible seguir ignorándolas.
A: En tu anterior trabajo, ¿qué te hizo pensar «esto no es para mí, quiero probar algo nuevo. Algo mío»?
Poco a poco fui metiendo más cosas a mi proyecto y dedicándole más tiempo. Me fui sintiendo muy a gusto con él y empecé a notar que en el trabajo no estaba al cien por cien bien.
Llegué a tener momentos de estar muy mal por el trabajo. Y ahí ya sentía que algo pasaba. Sentía la necesidad de dedicarme a mis ilustraciones y que donde estaba quizás no era el lugar correcto para mí.
No se sentía el lugar donde debería estar.
A: ¿Qué fue lo más difícil durante todo el proceso?
Ahora mismo, una de las cosas más complicadas es la incertidumbre. No saber si van a salir proyectos, si van a salir encargos o no. No tener una estabilidad fija todos los meses y tener que estar tú al pie del cañón buscando que salgan proyectos.
Y luego está toda la parte de ser autónoma, que es un mundo complicado. Tienes que aprender de todo: de impuestos, de organización, de cómo gestionar tus horarios… Pero por otro lado, me encanta la oportunidad de auto gestionarse y ser mi propia jefa.
Además, me está haciendo descubrir algo que antes no pensaba que fuese capaz de hacer.
Antes no me creía capaz de ser autónoma, de dedicarme al mundo freelance, de tener mi proyecto y saber gestionarme. Y estoy viendo que sí que soy capaz.
A: ¿Qué miedo fue el más recurrente cuando decidiste apostar por algo más incierto?
Creo que sigue siendo un poco ese miedo de no saber si va a funcionar.
No sé cuándo llegará ese punto de inflexión en el que diga «ya está, lo he conseguido», o si llegará. Pero sigo sintiendo por dentro que tengo que seguir intentándolo.
A: ¿Tuviste apoyo de las personas de tu alrededor?
Siempre me han apoyado muchísimo. Mis padres nunca me dijeron que no hiciese Bellas Artes por las pocas salidas que podía tener. Al contrario, siempre me ayudaron con los trabajos de la universidad y con todo.
Mi pareja y las personas de mi alrededor también me apoyan muchísimo.
Sí que entiendo que puedan sentir incertidumbre, porque yo también la tengo. Estamos acostumbrados a un trabajo estable, a un sueldo todos los meses, y el mundo autónomo y artístico es diferente.
Pero nunca he sentido que me dijesen «deja esto y ponte a hacer algo estable».
Y ese apoyo es esencial. Porque si encima de tus propios miedos tienes comentarios externos que te hacen bajar un poco, creo que sería imposible.
✏️ Dibujar para transmitir
Si hay algo que atraviesa las ilustraciones de Bea es la emoción. No quiere crear simplemente por crear, sino conseguir que aquello que dibuja pueda crear emociones para quien lo recibe.
A: ¿Qué buscas que tus ilustraciones transmitan?
Yo no quiero crear obras por crear. Quiero transmitir una sensación.
Cuando creo, cuando hago ilustraciones o cuando veo una obra de arte que me emociona, siento algo que me recorre de los pies a la cabeza, como un cosquilleo raro. Y yo quiero que la gente pueda sentir eso cuando vea una de mis ilustraciones.
Por ejemplo, si dibujo a una familia o un momento de una boda, quiero que esa persona pueda sentir todo lo que significa ese momento para ella.
Creo que es una forma de entender el arte para personas que quizá no tienen tanta accesibilidad a él: no solamente es lo que estás viendo, sino lo que te hace sentir.
A: Y, ¿qué te inspira a la hora de crear?
El norte. La naturaleza en general y, sobre todo, el mar.
El norte de España es donde siento esa paz, a pesar de ser de Madrid. Me encanta pasear delante del mar y me encantaría vivir allí.
La naturaleza me inspira muchísimo: las conchas, las flores, los colores, las formas, las espirales... Tiene cosas tan bonitas que me encanta dibujarlas.
Pero también creo que creamos según nuestro momento vital. Reflejamos lo que sentimos por dentro.
Si estoy en un momento más sensible y tengo un agobio, lo plasmo en una mezcla entre lo que veo fuera y lo que tengo dentro.
A: ¿Cómo es el proceso desde que aparece una idea hasta que se convierte en una ilustración?
A veces es como que se me ilumina algo de repente. Hay un clic y piensas: «es esto, ahora».
Es como si de repente algo te dijera: por aquí tienes que crear.
Y ahí lo que tienes que hacer es atrapar esa idea y plasmarla. Porque si no la apuntas o no haces algo con ella, se vuela. Se va de tu cabeza.
Entonces intento poner mucho foco en esa idea y decir: vale, tenemos esto, vamos a desarrollarlo.
A: ¿Ha cambiado tu forma de crear desde que empezaste a plantearte la ilustración como una profesión?
Mucho.
Antes creaba porque me gustaban a mí en ese momento. Ahora sigo disfrutando de dibujar, pero no es lo mismo hacerlo de forma espontánea y natural a comenzar una ilustración porque alguien te la ha encargado previamente.
Imagínate que alguien me pide que dibuje un helado. A mí me puede encantar dibujar ese helado, pero quizá no me transmite lo mismo que a esa persona. A ella ese helado le puede transmitir muchísimo y yo soy feliz de poder hacer algo que para ella significa tanto.
Eso es lo que más me gusta de los encargos.
Cambia un poco la mentalidad porque ya no siempre estás dibujando algo que tú sientes en ese momento, pero también es muy bonito.
Es otra forma de crear y es bonita también.
🌊 Volver a las manos
En su búsqueda por recuperar esa parte manual que había perdido frente a las pantallas, Bea comenzó a experimentar con papel reciclado.
El proceso no nació necesariamente como una gran estrategia de marca. Simplemente encontró en él otra manera de crear despacio, con las manos y con tiempo.
A: ¿Qué te llevó a crear tu propio papel reciclado?
Quería hacer algo que fuese más mío y volver un poco a ese trabajo manual.
El papel reciclado me permitía imprimir mis ilustraciones, pero además hacía que yo también estuviese poniendo una parte de mí en la obra.
Lo bonito es que el papel hace especial a la ilustración y la ilustración hace especial al papel.
No es que el proceso de hacer papel sea algo que solamente pueda hacer yo. De hecho, yo aprendí viendo a otras chicas hacerlo. Lo que hace que sea mío son mis ilustraciones.
Y me gusta pensar que, de la misma manera que alguien me inspiró a mí a recuperar ese proceso lento, yo puedo inspirar a otras personas.
A: ¿Qué significa para ti esa vuelta a lo manual?
Creo que tiene mucho que ver con esa tranquilidad de ir despacio.
Vivimos en un mundo que cada vez quiere ir más rápido y, al final, también hay que frenar un poco.
Recordar lo que era escribir a mano, dibujar a mano y hacer procesos como crear papel.
Es algo que me gusta porque me obliga a estar ahí, presente.
💻 Crear en internet: una herramienta, no una obligación
Las redes han sido fundamentales para que el proyecto de Bea llegue a más personas. Pero también han abierto una pregunta complicada: ¿qué ocurre cuando tu trabajo depende, en parte, de la necesidad de ser constantemente visible?
A: ¿Qué papel han tenido las redes sociales en tu camino como ilustradora?
Me parece una locura.
Recuerdo que cuando todavía tenía sobre todo las ilustraciones de flores, publiqué un TikTok enseñándolas y tuve unos diez pedidos. Yo venía de tener uno al mes, dos como mucho, y de repente un solo vídeo me trajo diez pedidos a la vez.
Te hace preguntarte: «¿qué está pasando?».
Es muy bonito poder compartir tu experiencia, ayudar a otras personas con sus procesos, animarlas con sus proyectos y transmitir emociones bonitas.
Pero también me da miedo depender tanto de las redes.
A: ¿Qué supone para ti enseñar públicamente algo tan personal?
Creo que tienes que hacer lo que te haga sentir bien a ti.
Yo no quiero contar toda mi vida. Al final es mi cuenta y yo decido qué quiero enseñar.
Quiero hablar de arte, transmitir esa pasión y conseguir que la gente sienta un poco eso. No quiero utilizarla para nada más.
🫀 Cuando la creatividad se convierte en trabajo
Convertir algo que amas en una profesión también cambia la relación que tienes con ello.
A: ¿Qué has aprendido sobre ti misma desde que decidiste apostar por este camino?
Que tienes que ser todo. Absolutamente todo.
Tienes que aprender de autónomos, de organización, de clientes, de redes, de tu propio proyecto...
Y aunque hay partes de todo este proceso que me gustan menos que otras, también me ha hecho descubrir que soy capaz.
Antes pensaba que ser autónoma era para gente con ciertas capacidades específicas. Y ahora estoy viendo que no. Que poco a poco puedes ir aprendiendo y gestionándote con esfuerzo y dedicación.
A: ¿Hay algo que hayas tenido que desaprender?
La rutina.
Soy una persona muy de rutinas y antes tenía muy separado lo que hacía en el trabajo de lo que hacía fuera.
Ahora estoy intentando desaprender esa necesidad de estar constantemente delante del ordenador.
No pasa nada por que seas autónoma y puedas decidir cuándo entras a trabajar.
No tienes que estar 24/7 delante del ordenador para demostrar que estás siendo productiva.
A veces estás demasiado tiempo ahí, te acabas quemando y, en vez de ser más productiva, vas más despacio.
Eso es lo que más me está costando quitarme.
A: ¿Y cómo convives con hacer de tu pasión tu trabajo?
Es algo que todavía estoy aprendiendo.
Porque sí que puede pasar que algo que te gusta se convierta en una obligación.
Me ha pasado que llega el fin de semana y también tengo que hacer cosas del proyecto. Y al final, como es algo tan mío, parece que estás 24/7 con ello.
Pero cuando me pongo a dibujar, muchas veces se me olvida esa sensación de obligación porque vuelvo a disfrutarlo.
Por eso también creo que hay que saber parar.
🌿 Cuando no llega la inspiración
La creatividad tampoco aparece siempre cuando la necesitamos. Y quizá, después de haber pasado tanto tiempo frente a una pantalla, Bea ha descubierto que algunas de sus mejores ideas aparecen precisamente cuando se aleja de ellas.
A: ¿Hay momentos en los que no tienes inspiración? ¿Qué haces cuando necesitas encontrar nuevas ideas?
Sí, por supuesto. Hay muchos momentos, es algo normal.
Creo que lo que más me funciona es salir.
Cuando voy al norte muchas veces vuelvo con muchas ideas, proyectos y cosas en la cabeza.
La naturaleza, la playa, estar delante del mar... me inspira muchísimo.
También leer, ver una película, salir a pasear.
Muchas veces buscamos inspiración en pantallas, en Instagram y en redes sociales, cuando tenemos que salir más y mirar lo que tenemos alrededor.
Y luego, claro, cuesta aplicarlo. Pero cuando lo haces funciona.
🌙 El éxito también puede ser seguir
Quizá una de las preguntas más interesantes cuando alguien decide apostar por un camino incierto sea qué entiende realmente por éxito.
A: ¿Qué te haría decir dentro de unos años que tuviste éxito con tu proyecto?
No sería conseguir un número específico de ventas ni que alguien conocido reconociese mi trabajo.
Para mí, el éxito sería simplemente haber apostado por esto y haber seguido luchando por ello.
Ahora mismo, aunque todavía no me genere unos ingresos con los que pueda vivir, para mí lo que estoy haciendo ya es un éxito.
Porque no todo el mundo tiene la suerte, los recursos o las conexiones para poder hacerlo.
Así que el hecho de haber decidido apostar por mí y estar ahí día a día, a pesar de que este camino tiene muchos desafíos y complicaciones, para mí ya es muchísimo.
A: ¿Y qué sería para ti despertarte dentro de cinco años y pensar: «Sí, esta es la vida que quería»?
Que siga haciendo esto.
Que dentro de cinco años podamos tener otra entrevista y yo pueda decirte: «sigo dedicándome a mis ilustraciones».
Estar en otro punto, haber crecido, haber conseguido más cosas... pero seguir con esto.
Y, sobre todo, seguir disfrutándolo.
Que esté a gusto y que me despierte con la misma ilusión que tengo ahora cuando me levanto para ponerme a dibujar.
Para mí eso sería el éxito rotundo.
A: ¿Hay algún proyecto que te encantaría hacer algún día?
Ilustrar en bodas.
Es algo que tiene cada vez más demanda y que me hace mucha ilusión. No es una visión enorme ni un proyecto súper complicado, pero es algo que me gustaría conseguir.
De hecho, es uno de mis propósitos de este año.
Todavía no ha salido ninguna, pero estoy buscando y estoy enfocada en ello.
Y creo que si sabes lo que quieres, al final lo consigues. Si buscas, buscas y buscas, al final, algo encuentras.
🌊 Los lugares que nos forman
Para Ardora, nuestras raíces, el Atlántico y los lugares de los que venimos forman parte de nuestra manera de mirar el mundo. En el caso de Bea, el norte aparece una y otra vez como refugio, inspiración y lugar de calma.
A: ¿Crees que el lugar de donde vienes ha influido en tu forma de crear? ¿Hay alguna conexión especial que quieras compartir?
Sí, totalmente.
El norte de España es mi lugar. Es donde siento esa paz.
La naturaleza y el mar me transmiten muchísimo. Me encanta pasear delante del mar y estar allí. No tengo la suerte de tenerlo cerca para poder crear, pero cada vez que voy me vuelvo a casa súper inspirada.
Y creo que también influye la familia.
Desde pequeña he estado rodeada de personas creativas. Mi madre siempre ha hecho cosas manuales, mi abuelo tenía su huerto y tengo una tía que también pinta.
Creo que al final todo esa red te forma.
💌 Apostar, aunque no sepas qué va a pasar
Antes de terminar, hay una pregunta que en Ardora reservamos para todas nuestras entrevistas: esa que intenta convertir la historia particular de una persona en algo que pueda acompañar también a quien está leyendo.
A: ¿Qué le dirías a alguien que quiere emprender, que tiene una idea y quiere apostar por ella, pero todavía duda?
Que lo intente.
Es un poco típico, pero sobre todo para no quedarse con esa cosa de «¿y si no lo intento?». Irte de este mundo sin haberlo intentado.
Obviamente tienes que echarle ganas y meterle mucho esfuerzo. Pero si sale bien, no es suerte. Es que te lo has currado.
Y si no sale bien, no pasa nada. La vida cambia constantemente.
Entonces, a otra cosa. Pero al menos ya lo has intentado.
Si puedes, inténtalo. Primero piénsalo bien, estructúralo y ten las cosas un poco preparadas para no lanzarte completamente al vacío.
Y si sale bien, te alegras muchísimo.
Y si no, no pasa nada.
Siempre se puede volver a intentar. Y si no tenía que ser, quizá era porque habrá otra cosa, incluso muchísimo mejor.
🌙 Volver a elegirse
Quizá al final todo vuelva al principio.
A aquella niña que pasaba los veranos dibujando escenas de Mortadelo y Filemón. A la estudiante que no dudó en escoger Bellas Artes. A la persona que, años después, dejó de dibujar y acabó sintiendo que una parte de sí misma se había quedado atrás.
Porque a veces perder el rumbo no significa haber tomado el camino equivocado.
A veces significa que necesitamos parar para recordar hacia dónde queríamos ir.
A: ¿Crees que a veces perder el rumbo es precisamente la forma de encontrar el camino que queríamos?
Sí.
Es mi mayor acierto.
Volver al dibujo. Volver a crear. Volver a las manos, al papel, a la naturaleza y al mar.
No saber todavía exactamente dónde terminará este camino, pero haber decidido recorrerlo.
🌊
Nota final🪼🐚🌊
Y quizá eso sea también una forma de éxito.
No tener todas las respuestas.
Solo saber que, esta vez, el camino se parece un poco más a ti.


