Irse de Erasmus siempre suena un poco a aventura. Una de esas decisiones que tomas con ilusión, pero también con muchas preguntas: ¿cómo será vivir fuera?, ¿me adaptaré?, ¿será muy difícil estudiar en otro idioma?, ¿llegará la beca a tiempo?, ¿y qué pasará con las prácticas y el TFM?
En mi caso, todas esas preguntas se fueron respondiendo cuando me fui tres meses a Rennes, en Bretaña (Francia), durante el máster. Fui la primera estudiante en realizar el intercambio y el programa de doble título internacional con el Máster de Comercio de la Universidade de Vigo, una experiencia que me permitió estudiar fuera, mejorar mi francés, conocer a personas de muchísimos lugares y, sobre todo, descubrir que salir de lo conocido enseña muchísimo más de lo que uno podría imaginarse.
Después de volver y haber aprendido de primera mano, estas son algunas de las preguntas que más me habría gustado responder antes de hacer la maleta.
¿Por qué Rennes?
No fue realmente una elección mía. Rennes es la opción que oferta la universidad para realizar el intercambio, así que acabé allí sin haber escogido previamente la ciudad.
Siendo sincera, al principio no fue mi lugar favorito de Francia (preferiría antes París o Niza jajaja). Pero las ciudades también se aprenden a querer y, después de tres meses, Rennes acabó siendo un sitio al que le tengo cariño.
Además, tuve la suerte de conocer a gente maravillosa allí y eso hace que la experiencia cambie completamente.
Y he de mencionar el mercado de los sábados, porque es maravilloso. Es uno de esos sitios que acabas incorporando a tu rutina.
¿Cómo fueron los primeros días?
Abrumadores.
Creo que es algo que pasa prácticamente siempre que te vas a vivir al extranjero. De repente todo es nuevo: vivienda nueva, universidad nueva, profesores nuevos, compañeros nuevos, calles nuevas… Incluso algo tan normal como ir al supermercado se vuelve una aventura.
Y aunque tengas muchas ganas de estar allí, es normal que los primeros días sean un poco difíciles porque todavía estás intentando asentarte.
La clave es darle tiempo.
Poco a poco empiezas a reconocer las calles, conoces gente, encuentras tus sitios favoritos y creas tus propias rutinas. Hasta el Lidl al que fuiste por primera vez sin saber dónde estaba nada acaba sintiéndose como tu supermercado de confianza después de unos meses.
Y creo que esa transformación es una de las cosas más bonitas de vivir fuera.
¿Te costó adaptarte a vivir en otro país?
Al principio sí, como cualquier experiencia en la que te marchas fuera de tu entorno.
Pero no creo que haya que interpretar esa dificultad inicial como una señal de que algo va mal.
Los primeros días estás simplemente intentando colocar todas las piezas en su sitio. Después, poco a poco, todo empieza a resultar familiar.
Y cuando te quieres dar cuenta ya tienes tus lugares, tus personas y tus rutinas.
¿Cómo era el alojamiento?
Viví en un Crous, que era la opción que me ofrecía la universidad. Son residencias universitarias que se alquilan a precios más bajos que el mercado para ayudar a los estudiantes. Están medio financiados por el gobierno francés.
Esto quiere decir… ¿Es perfecta? No.
¿Es barata y para tres meses sirve? Sí.
La residencia era bastante… limitada, no es un hotel cinco estrellas, pero para una estancia corta no me mataría a buscar otra cosa que al final sería más cara y que podría traerte problemas. Al final, lo que ahorras en alojamiento te permite destinar más dinero a otras cosas como los viajes (que fijo que va a haber muchos).
En mi caso, esa otra cosa fue claramente a los viajes que hicimos (en el Erasmus va a haber sí o sí, parece que salen de debajo de las piedras jajaja).
¿Y qué tal era la cocina de la residencia?
La cocina compartida era un caos.
Pero se sobrevivía.
Cuando muchas personas utilizan el mismo espacio, la convivencia puede ser complicada, especialmente en una cocina. Aun así, acabas acostumbrándote.
Además, había un comedor bastante barato donde podías comer por poco dinero. No era la mejor comida del mundo, pero era comestible, llenaba y era económica.
Y cuando eres estudiante, esas tres cosas importan bastante.
Los fines de semana aprovechamos para probar restaurantes porque cerraba.
¿Cuánto dinero necesitaste para irte? ¿La beca Erasmus llegó a tiempo?
Esta es probablemente una de las cosas que más recomendaría tener en cuenta antes de irse.
La beca Erasmus se solicita durante el primer cuatrimestre y el proceso lo gestiona el máster. El equipo del máster ayuda bastante con las dudas y con todo el procedimiento. Asimismo, la oficina de relaciones internacionales de la UVigo también resuelve bastantes dudas. Aunque recomendaría ir en persona si se puede, o si no llamar antes que un email.
Las cuantías son fijas y dependen del país de destino. Francia pertenece al grupo de países con una cuantía superior.
Pero hay un pequeño detalle importante: la beca no suele llegar antes de que te marches.
En mi caso, no me llegó hasta marzo. Y solo la primera parte. La segunda llega una vez estás de vuelta.
Eso significa que tuve que adelantar el alojamiento, los vuelos y los gastos de vivir allí durante enero y febrero.
Por eso creo que es importante irse con algo de dinero ahorrado. La beca ayuda, pero necesitas poder asumir los primeros gastos mientras esperas a recibirla…
¿Cuántos meses estuviste en Rennes?
Tres meses, de principios de enero a finales de marzo.
Es la duración del intercambio, aunque evidentemente esto podría cambiar dependiendo de cómo se organice el programa en cada promoción.
¿Cuántas asignaturas hiciste?
En total, nueve asignaturas en Francia.
Los horarios no estaban mal. Tenía clase normalmente por las mañanas y si tenía por la tarde, acababa pronto.
Así que había bastante tiempo para hacer vida fuera de la universidad.
Y eso, en un Erasmus, se agradece mucho la verdad.
¿En qué idiomas eran las clases?
Había asignaturas en cuatro idiomas: francés, inglés, español y portugués.
La variedad de idiomas también forma parte de la experiencia y hace que el intercambio sea bastante diferente a estudiar únicamente en tu idioma habitual.
¿Es difícil estudiar en francés?
Esta fue probablemente la parte académica que más me costó.
Yo tenía un nivel aproximado de B2 cuando llegué. Para el día a día me defendía, pero las asignaturas de francés tenían un nivel alto, aproximadamente C1-C2.
Había tres asignaturas en francés y fueron las que más cuesta arriba se me hicieron.
Aun así, creo que también tienen en cuenta que somos estudiantes de intercambio y, con esfuerzo y apoyo de los compañeros, se van sacando.
Además, precisamente por estar rodeada de francés todo el tiempo, gané muchísima fluidez durante esos tres meses.
Así que no creo que haya que esperar a tener un francés perfecto para irse. Tener una buena base ayuda muchísimo, pero también vas allí para aprender.
¿Y el inglés?
También es importante tener una buena base porque algunas asignaturas son en inglés.
En mi caso, como venía de Traducción, las clases de inglés no me resultaron más difíciles que el desafío de las tareas, el idioma no era un problema.
Aún así, con poco nivel de inglés se puede hacer cuesta arriba tanto como las de francés.
En las clases en inglés se hablaba integramente en el idioma también, y era inglés o francés. Nada de español en esas.
¿Qué tal eran las asignaturas en general?
En general, tenían un nivel similar al de España, solo que con la dificultad añadida del idioma.
Hay algunas asignaturas que son algo más fáciles (las que eran en español me resultaron muy asequibles). No todo es cuesta arriba jaja.
Las que más esfuerzo me exigieron fueron las de francés por el nivel del idioma.
Las de español eran bastante asequibles: estudiar un poco y se sacaban.
Y el portugués era de iniciación, así que si sabes gallego tienes bastante ventaja (además la profe, si no ha cambiado, es majísima).
¿Qué te sorprendió más de estudiar y vivir en Bretaña?
Las crêperies.
Hay muchísimas.
Nunca había comido tantas crepes en mi vida y, sinceramente, fue maravilloso.
Pero, más allá de la comida, lo que más me sorprendió fue la gente.
Todo el mundo fue muy agradable conmigo y todos me dieron la bienvenida con brazos abiertos. Que las personas que conoces te hagan sentir integrada cambia completamente la experiencia.
¿Y qué tal era la vida fuera de las clases?
Genial.
Es Erasmus. Siempre hay planes.
Siempre. No exagero.
Viajar, tomar algo, descubrir un sitio nuevo, ir a la ópera, dar un paseo, conocer una ciudad, ir a comprar a un supermercado nuevo...
Cualquier cosa puede convertirse en una aventura.
Y creo que esa es una de las mejores partes de irse de intercambio: disfrutas de cosas pequeñas porque todo es nuevo.
Un paseo por una calle que no conocías puede convertirse en un plan. Ir a comprar puede ser una excursión. Conocer a alguien puede acabar en un viaje.
No se para.
¿Viajaste durante esos tres meses?
Sí, y para mí fue de mis partes favoritas de la experiencia.
Estar en Francia durante tres meses te permite descubrir mucho más que la ciudad en la que estudias. Y, además, compartir esos viajes con otras personas que también están viviendo su Erasmus hace que todo sea todavía más especial.
Es una de esas partes que probablemente más recuerdo ahora que ya he vuelto.
Pude ir a Niza en temporada baja, fue un lujo. Tuvimos buen tiempo y no estaba tan lleno como cuando es verano.
Y por supuesto, a París. Un viaje que recordaré siempre. Por el ambiente, la compañía y todo lo que pude ver con mis ojos y dejar atrás el sueño encerrado de la pantalla de mi móvil.
Igualmente, también se viaja mucho por pueblecitos de la Bretaña, que son encantadores con sus casas tradicionales.
¿Qué fue lo mejor de la experiencia?
Sin duda, la gente.
Tanto de España de Erasmus, como los compañeros de clase. No sé si he tenido mucha suerte o que, pero todo el mundo fue maravilloso.
Dejo una foto de una cena que hicimos en la que traíamos platos de diferentes sitios (mi aportación fue la tortilla de patatas, poco se habla que la primera vez que hice una fue en Francia. No sé como sentirme al respecto jaja).
También los viajes, los planes, descubrir lugares nuevos, conocer otras culturas y aprender constantemente.
Creo que cuando sales de tu entorno habitual empiezas a darte cuenta de la cantidad de cosas que todavía no conoces.
Y no solo hablo de conocer otros países. También aprendes de las personas, de sus costumbres, de sus formas de pensar y, sobre todo, de ti misma.
¿Y lo peor?
La comida (falta de Mercadona).
Lo siento, es claramente mi opinión personal pero…
Exceptuando los dulces, muchas de las cosas que había en Francia no eran demasiado mi estilo.
Y la cocina compartida de la residencia tampoco fue precisamente mi momento favorito.
Pero, sinceramente, se sobrevivió.
Había un comedor barato, había crepes y había viajes. Podía ser peor.
¿Qué tal fue el máster en cuanto a calidad y oportunidades laborales?
Mi experiencia fue buena, aunque creo que depende bastante de la formación previa de cada persona.
Yo vengo de Traducción, así que algunas clases de inglés no me aportaron demasiado porque ya tenía conocimientos anteriores.
También tenía una compañera que venía de Comercio y, para ella, algunas asignaturas como fiscalidad tampoco suponían aprender una cantidad enorme de contenido nuevo.
Por lo demás, las asignaturas son bastante fieles a lo que esperarías de un máster de Comercio Internacional. Los nombres de las materias no engañan demasiado.
En cuanto a las oportunidades laborales, sí existen, especialmente en Vigo y su entorno. El ámbito del transporte y la logística tiene bastante presencia.
¿Y qué tal fueron las prácticas?
Bien.
El equipo del máster ayuda bastante con el proceso de encontrar, aunque, evidentemente, la experiencia en sí depende también de la empresa y de las prácticas que te toque conseguir.
En mi promoción nadie hizo las prácticas durante el primer cuatrimestre.
Yo las hice al volver de Rennes y no tuve ningún problema.
Volví a principios de abril y es aproximadamente cuando muchas personas empiezan a hacerlas. Incluso hubo gente que empezó un mes después que yo y tampoco tuvo problema.
Así que hacer el intercambio no significa necesariamente que vayas a quedarte atrás con las prácticas.
¿Tuviste que hacer dos TFMs por estudiar en otro país?
No. Solo hice un TFM.
Puedes elegir el tema y también a tu tutor (ambos van de la mano, en el máster facilitan la lista con los tutores y las líneas de TFM).
¿Qué le dirías a alguien que tiene miedo de irse por no tener suficiente nivel de francés?
Que no espere a sentirse completamente preparado.
Yo tenía aproximadamente un B2 y las asignaturas de francés fueron difíciles. Eso es verdad.
Pero una cosa es no dominar perfectamente el idioma y otra no poder desenvolverte.
Para el día a día podía manejarme y, además, durante los tres meses mejoré muchísimo.
Si sabes más, evidentemente, mejor. Pero no creo que sea necesario llegar hablando francés perfectamente para poder disfrutar de la experiencia.
¿Qué le dirías a alguien que está preocupado por el dinero?
Que haga cuentas antes de irse y, sobre todo, que tenga algunos ahorros.
No porque la experiencia sea imposible sin ellos, sino porque puedes tener que adelantar gastos importantes antes de recibir la beca.
En mi caso, la beca llegó en marzo y yo llevaba ya dos meses pagando alojamiento, vuelos y gastos diarios.
Saberlo de antemano te permite organizarte mucho mejor.
¿Qué le dirías a alguien que tiene miedo de no adaptarse?
Que confíe y que se dé tiempo.
Los primeros días pueden ser raros. Puedes echar de menos tu casa, sentirte perdido o pensar que no conoces a nadie y que no vas a hacer amigos.
Es normal, pero todo mejora.
Después empiezas a crear tu propia vida allí y todo cambia.
Vas a clase, conoces a gente, haces planes con los Erasmus de la residencia… Y un día te das cuenta de que todo lo que un día era nuevo y extraño ahora es tu nueva normalidad.
Si pudieras volver al día antes de irte, ¿qué te dirías?
Que confíe.
Que todo va a estar bien.
Y que todo se saca adelante de una forma u otra.
Creo que es fácil preocuparse por todo antes de una experiencia así porque hay muchísimas cosas que no puedes controlar.
Pero, al final, vas resolviendo las cosas según llegan.
Después de vivirlo, ¿volverías a hacer el intercambio?
Sí.
Sin ninguna duda.
Creo que las experiencias fuera te forman quieras o no. Te curten, como dicen algunos.
Sales de lo que estás acostumbrado, conoces a personas diferentes, descubres otras culturas, tienes que enfrentarte a situaciones nuevas y aprendes a desenvolverte por ti mismo/a.
Y, sobre todo, aprendes.
Muchísimo.
Por eso creo que, si tienes la oportunidad de vivir una experiencia así, merece la pena planteárselo aunque al principio tengas dudas por el idioma, el dinero, las prácticas o cualquier otra cosa.
Porque probablemente muchas de esas preocupaciones se van resolviendo por el camino.
Y al final vuelves a casa con algo que no tenías cuando te fuiste: la certeza de que puedes adaptarte a un lugar completamente nuevo y construir allí tu propia vida, aunque solo sea durante unos meses.
Si pudiera volver al día antes de hacer la maleta, volvería a decirme lo mismo:
Confía. Todo va a estar bien.


